Relatos (31): mercados libres.
- Sr Jimenez

- Nov 17
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En la rutina de un venezolano en una asignación laboral en Lima se incluía una cena familiar durante la noche del viernes en algún restaurante reconocido en esa ciudad. El tiempo para deleitarse con las sensaciones agradables de la comida y de algunos tragos, también se aprovechaba en una catarsis para liberar las emociones en torno a los problemas lidiados en esa semana transcurrida. Una vez logrado el efecto purificador de la catarsis, entraba a empujones en el cerebro la idea con la posibilidad de un desayuno con un plato de ceviche peruano de corvina fresca.

Muy temprano en la mañana del día sábado, el venezolano acudió a un mercado de minoristas de un moderado tamaño conocido como Monterrico, en donde adquirió algunos víveres para completar la despensa, y para su sorpresa, en ese mercado también existían ventas de alimentos preparados, pudiendo solicitar y tomar el desayuno como lo había pensado en la noche anterior. Ese mercado con apenas 50 puestos de venta entre víveres y restaurantes lucía muy aseado y organizado, aportando la confianza necesaria a sus usuarios para consumir sus alimentos sin el riesgo de afectación digestiva. La satisfacción del cliente venezolano fue tan alta que se lamentaba si no podía repetir ese desayuno en todos los días sábados, y eso lo sorprendió dado su pasado de rechazo a los mercados libres como una fuente segura de adquisición de alimentos.

Ese venezolano alojaba recuerdos con evidencias de deficiente salubridad de los mercados libres de su ciudad natal, cuando de niño observó el proceso de venta de gallinas beneficiadas en sus propios pasillos. En ese espacio por donde transitaban los clientes, bajo el acecho de las moscas, se exponían las aves en jaulas, y luego de beneficiarse, quedaban esparcidos en el piso unos rastros de sangre, plumas y excrementos.

Unos años después y de otro mercado municipal de esa ciudad era notable como la gente compraban excelentes quesos blancos, jamones y embutidos, sin tomar en consideración que muy cerca se notaba la presencia de aguas negras y de roedores. Con esas vivencias para nada favorables a la aceptación de los mercados libres, ese venezolano prefirió el uso de los supermercados de cadenas, aunque los precios fueran más altos.
En años recientes, el venezolano observó que mercados populares en México y en Colombia, estaban mejor organizados en sectores según los productos, pero siempre adolecían de medidas preventivas por la exposición de cárnicos y aves. Los pollos amarillos para la venta en el mercado de Villahermosa en México permanecían guindados boca abajo y eran una fuente poderosa para la proliferación de moscas. Las cabezas de vaca como un producto normal para la venta, eran colocadas sobre cartones en el piso en los puestos de cárnico en la plaza de mercado de Paloquemao en Bogotá, siendo otro ejemplo de la falta de salubridad.

Los mercados municipales son espacios públicos de comercio, gestionados como centro de abasto de productos y como punto de encuentro social y cultural. Suelen ofrecer alimentos frescos y de primera necesidad, aunque también pueden incluir otras actividades comerciales y gastronómicas. Muchos adolecen de una gestión de prevención de enfermedades por como se manipulan los alimentos; sin embargo, los mejores precios influyen mucho en la decisión de preferencia de los clientes.
Antonio Jimenez.



Los mercados libres o municipales son espacios públicos de comercio, que suelen ofrecer alimentos frescos tanto crudos como preparados. Muchos adolecen de una gestión de prevención de enfermedades por como se manipulan los alimentos; sin embargo, los mejores precios influyen mucho en la decisión de preferencia de los clientes.