Relatos (69): arroyos.
- Sr Jimenez

- 5 days ago
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Unos aguaceros se precipitaron en varios trayectos de la vía hacia Barranquilla, impidiendo que los limpiaparabrisas lograran una aceptable visual hacia adelante. Al par de adultos mayores en ese vehículo les preocupó que no se pudieran retirar sus medicinas de una farmacia Cruz Verde, que las dispensaba para Colsanitas. Ese viaje, que resultaba algo costoso por el pago de peajes y el combustible, se arriesgaba a ser inútil, por lo que la estadía en esa ciudad se aprovecharía para efectuar varias diligencias, incluyendo las infaltables compras de alimentos y otros artículos de aseo y de limpieza.

Al arribar a la ciudad se notó que en sus calles existían charcos y escorrentías de agua, algunas de las cuales ya tenían un volumen considerable, constituyendo la formación de unos arroyos.
Afortunadamente, los adultos mayores llegaron a un estacionamiento público cercano a la farmacia y luego caminaron hasta una esquina que distaba como treinta metros del local, pero en esa esquina debieron esperar a que un arroyo que fluía con fuerza disminuyera su cauce. Ese arroyo seguía el curso de sus meandros naturales, a pesar de la construcción de edificios y calles, y por eso daba un giro increíble de prácticamente 90 grados entre la farmacia y la esquina.

Los arroyos en las ciudades de la costa Caribe colombiana son las mismas corrientes naturales de agua de lluvias conocidas en otros sitios como quebradas o cañadas, y han ocasionado pérdidas de vidas humanas y daños en la infraestructura urbana. Desde hace varios años se han canalizado y pronto desaparecerán de la vista los restantes kilómetros, al moverse por unas alcantarillas subterráneas.

La huella hídrica de los arroyos en Barranquilla es un modelo que se repite a menor escala en cualquier lugar de la costa y de eso no escapó el área de construcción del condominio en donde viven esos adultos. Los constructores tomaron en cuenta la huella hídrica de grandes lluvias para canalizar las corrientes y definir el trazado de las calles. Sin embargo, con algunas precipitaciones de mayor volumen se ha sobrepasado la capacidad de manejo por los canales y los arroyos han mostrado en superficie su trayecto natural.
Un vecino en el condominio construyó una bonita piscina con un módulo para el bar, la cocina con parrillera y unos baños. En una ocasión de un torrencial aguacero, un arroyo hizo su presencia y justo en el jardín de la casa del par de adultos mayores también dio un giro de 90 grados a la derecha y se sumergió, como un clavado, en la piscina del vecino para luego continuar su camino hacia la playa del condominio.
La piscina resultó contaminada de lodo y el cuidador le dio un tiempo apropiado para que los sólidos del barro se sedimentaran y lograran ser extraídos antes del tratamiento para su reactivación.
“Un arroyo no busca el mar con prisa, sino con la certeza de su camino”, frase anónima.
Antonio Jimenez.



Aquí están los barrancos. En el pasado, por estas gargantas corría muchísima agua y, haciendo alusión al dicho «Un arroyo no busca el mar con prisa, sino con la certeza de su camino», el agua siempre repite su trayectoria. El hombre, confiado en que aquí no llueve, ha invadido zonas de escorrentías naturales, y ahí es donde ocurren las desgracias. Más de un vehículo se ha llevado hasta el mar...
La riada en el Nepal asombró al mundo por el torrente que elevó el nivel del agua de un río hasta nueve metros en media hora, destruyendo aldeas e infraestructuras.
Los arroyos en la costa Caribe colombiana sin estar a ese nivel destructivo, son torrentes de cuidado por la crecida repentina que sorprende a la población.