Relatos (59): los viernes.
- Sr Jimenez

- Jun 22
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Alberto y otros ingenieros petroleros venezolanos coincidieron en Bogotá a finales de los años 2000 como empleados de una empresa privada que operaba unos campos de hidrocarburos en Colombia. Todos ellos fueron contratados por sus conocimientos y experiencias en Venezuela, y a esas competencias técnicas le endosaron la de interrelación personal, entre las cuales se incluía la de compartir el almuerzo de los viernes.
En uno de esos viernes, alguien del grupo asomó tímidamente que se moría de las ganas por el pabellón criollo, tal cual era servido en el restaurante Sabor Zuliano en Maracaibo, la ciudad de Venezuela, y la moridera los alcanzó a todos; pero estando en las inmediaciones del Parque de la 93 se hacía como difícil, por no considerarlo imposible.

Alberto, con su experiencia gastronómica y poder de convencimiento, comentó rápidamente que a falta de pan buenas son las tortas y que él sugería a un “primo segundo” del pabellón que se podia conseguir en el restaurante El Salto del Ángel, que quedaba allí mismo en una esquina del Parque de la 93. El plato al cual Alberto hacía referencia contenía arroz congrí, aguacate, cerdo y pollo, y a todos les agradó la idea.
La conversación detrás de la selección del almuerzo distrajo al grupo mientras caminaban bajo un mediodía nublado, y al momento en que coincidieron con el frente de una pizzería se escucharon unos disparos de un arma de fuego y observaron de reojo a un supuesto atacante de una mujer, quien intentaba escapar por un pasillo de la pizzería. El susto en todos fue mayúsculo y, para estar a salvo, se escondieron detrás de unos vehículos aparcados, en donde también escucharon una voz que decía “¡corten!”, seguido por aplausos. En ese momento se enteraron de que el atentado era ficticio y formaba parte de una escena filmada para la telenovela de más alto rating televisivo en el país.
A algunos del grupo, quienes se habían tirado al piso, les costó levantarse e intentaron cancelar el almuerzo y regresar a la oficina, aduciendo hasta de taquicardias; pero de nuevo fue muy oportuna la intervención de Alberto, quien los encomió a continuar con lo acordado.
Al restaurante El Salto del Ángel, con grandes ventanales, se accedía por una rampa a un lado de la estructura hasta llegar a un gran patio interno con una chimenea, y a todos les gustó el ambiente del restaurante y el llamado primo segundo del pabellón, saliendo muy satisfechos por la selección del plato reemplazo que les había gustado.

A la salida del restaurante y de vuelta a la oficina identificaron a un integrante de la unidad de protección de la empresa conocido como “el teniente”, quien perseguía a un supuesto delincuente. A sabiendas de que un nuevo susto coparía la capacidad de resistencia cardíaca, se hicieron los desentendidos y regresaron rápidamente para el turno de la tarde en la oficina.
En la entrada de la sede de las oficinas el grupo coincidió con Portillo, quien no había podido acompañarlos para el almuerzo, y notaron que Portillo tenía un raspón sangrante en su oreja derecha. Esa herida fue causada por las uñas de un delincuente al robarle el celular que Portillo utilizaba estando distraído. El delincuente era la persona a quien unos minutos antes perseguía el teniente.
Ese era un día viernes y el cuerpo no lo sabía.
Antonio Jimenez.



Si Bogotá es así de peligrosa como expones en este relato , no la quiero ni pintada de colores . Tengo 22 años viviendo fuera de Venezuela y la razón principal de esa emigración, fue el miedo a la delincuencia. Afortunada elección que hicimos mi familia y yo …el 24 de junio del 2004 .
“ Hoy es viernes y el cuerpo lo sabe" es una expresión popular que significa que la semana laboral está por terminar y tu cuerpo se está preparando intuitivamente para otras actividades de relajo y distracción del fin de semana.