Relatos (58): climas.
- Sr Jimenez

- Jun 15
- 2 min read
La tarde avanzaba sintiéndose una débil y cálida brisa que apenas movía las hojas de unas palmeras y no lograba dispersar el olor de la grasa quemada de unas pechugas de pollo, que se preparaban en la plancha de la cocina de un cafetín, ubicado en el centro del rectángulo de la sede de las oficinas de una empresa operadora de petróleo.

El calor y el olor precipitaron el tiempo del coffee break, pero una preocupación por lo que se podía devenir interrumpió el paso en medio camino a la oficina, y se efectuaron unas observaciones con una concentración atípica.
Tanto tendría de atípica, que unos colegas la confundieron con un ritual religioso de un desquiciado y entre esos colegas estaba el elocuente Gerardo, quien mencionó la frase popular de la región zuliana de que “Ahora sí que nos jodimos”, como para indicar que era un caso en el cual la cordura parecía perdida.
Lo que se confundía con un ritual, solo consistía en vistas al cielo y al césped. Hacia arriba, las miradas abarcaban varias direcciones mientras se elevaba un brazo y hacia abajo las miradas eran más intensas como buscando un detalle de algo.
En ese momento, también se escuchó la voz del ocurrente Hugo, quien resultó más expresivo que Gerardo, ya que preguntaba directamente “Que te pasa marico, que disparate es ese que estás haciendo”.
Ni Gerardo ni Hugo estaban actuando indebidamente, pero ese no era un ritual de alguien descocado y las observaciones eran muy coherentes con la cordura. Eso sí, no podía negarse que resultaban penosas para un profesional de la ingeniería, que intentaba hacer una predicción solo en base a la intuición.
Al mirar hacia arriba mientras se levantaba un brazo, se observaba la densidad de la nubosidad y con la mano en alto se intentaba captar si el viento había cambiado de dirección y estaba más pesado o cálido de lo habitual, lo que le servía para presagiar el probable arribo de mal tiempo con tormentas.
Con la mirada fija en el césped se intentaba distinguir alguna presencia de hormigas migrando hacia terrenos más elevados, lo que podría indicar la reacción de la colonia a moverse para escapar de una probable inundación por lluvias.

Ese supuesto ritual solo lo hacía cuando en la agenda de trabajo de la semana se incluían unas visitas de campo para inspecciones del estado de las instalaciones y para revisión de los procedimientos operacionales y de seguridad. La observación de la naturaleza facilitaba un pronóstico del tiempo que en ocasiones resultaban útiles para reprogramar la visita y reducir el tiempo no útil.
Las visitas gerenciales era una actividad adictiva y por eso lo ejecutado para ese renglón superaba en número a lo programado. El beneficio del contacto directo con los dueños de la actividad, originaba un valioso feedback para tomar acciones que mejoraban el “clima laboral” y los resultados de la empresa.
En los tiempos actuales existen variadas aplicaciones de pronóstico del tiempo con modelos predictivos complejos que siempre aciertan, e inclusive están incluidas en el menú de los teléfonos celulares y con eso el empleo de la intuición con capturas de la data a través del supuesto ritual ya desaparecieron.

Antonio Jimenez.



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