Relatos (56): vínculos (tercera parte).
- Sr Jimenez

- 2 days ago
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En un angosto apartado de una carretera se detuvo una camioneta Jeep Cherokee negra y sus ocupantes analizaron la posibilidad de dejarla estacionada allí por unos minutos, lo que les permitiría caminar sobre una duna de arena que se elevaba sobre los 20 metros en el Parque de los Médanos de Coro, en Venezuela.

La fuerza del viento desplazaba los tumultos de arena blanca muy fina, invadiendo rápidamente esa carretera; pero un par de tractores estaban allí para removerla, dejando operativo un transitable paso vehicular. Ante la insistencia de un funcionario del parque que se le acercó a la camioneta haciendo señas para conversar, se bajó un poco la ventanilla de la puerta para no dejar entrar tanta arena y escucharon que no habría problemas con el vehículo y que, para dejarlo estacionado allí, se debería pagar una tarifa que se basaba en cuartos de hora transcurridos.
La península de Paraguaná, en Venezuela, era considerada muy atractiva para el turismo de playa, con el extra de otras atracciones como esos médanos y con el conveniente trato comercial de ser un puerto libre. En la península existían otras ventajas de negocios de exportación de grandes volúmenes por la posibilidad de puertos de aguas profundas en el mar Caribe y, básicamente por eso, fue el lugar elegido en los años 1940 para ser la sede de las refinerías principales de las empresas Creole Petroleum Corporation, en la localidad de Amuay, y de Shell, en la localidad de Punta Cardón.

Con los cuatro cuartos de hora que se pagó por estacionar la Cherokee, se reparó en cómo el tiempo había repercutido en la acumulación de arena blanca en cualquier superficie de la camioneta donde no podía resbalar y seguir su camino con el viento; y en ese momento la arena pegada en el cuerpo resultó ser tan fastidiosa como para el olvido del disfrute subiendo y bajando dunas.
En horas de la tarde arribamos a una casa de huéspedes del campo Médico, en las inmediaciones del Club Bahía, en Judibana, y mientras muchos se duchaban, a otros les daba por abrir persianas. En la persiana vertical de una amplia ventana que daba al frente de la casa se podía observar el paisajismo marino de la bahía de Amuay y las torres de la refinería. Esa casa de huéspedes estaba bien cuidada y, con la buena apariencia exterior de muchas otras, se podría aseverar que las más de trescientas casas del campo Médico estaban bien mantenidas para el tiempo de construcción que ya alcanzaba los cincuenta años.

Cualquier país del mundo se sentiría patrióticamente orgulloso por tener en sus territorios a ese par de refinerías que sumaban una capacidad de procesamiento de petróleo de un millón de barriles por día, habiendo actualizado sus procesos de conversión profunda que permitían utilizar crudos más pesados y baratos, obteniendo productos más valiosos.
En la Venezuela de fin del siglo XX se disfrutó con la repotenciación del valor de su industria de los hidrocarburos; en lo contrario, a los encargados de los destinos de Venezuela en las dos décadas y media del siglo XXI como que les fastidió ese tiempo de éxito por no ser de su conveniencia y convirtieron sin ninguna misericordia en despojos industriales a las refinerías y al emporio industrial que estaba detrás para producir, tratar y transportar con oleoductos la materia prima hasta Paraguaná.
Algunas secciones de esos oleoductos fueron vandalizadas con explosiones ocasionadas por la guerrilla que actuó en Venezuela en los años sesenta y setenta. En esas acciones violentas se identificó a un jefe guerrillero conocido como el comandante Fausto como su principal explosivista. Con los años, ese mismo explosivista resultó en una importante figura política de la izquierda y, en los años 2000, ocupó hasta la presidencia de la estatal petrolera.
El legado de un individuo de esa calaña no podía ser otro diferente al del quiebre de la industria.
Antonio Jimenez.
Si hubiese sido solo eso lo que se llevaron por delante. Hay que asumir que tuvimos una guerra y y habida cuenta de ello , ver hacia adelante. No se debe llorar sobre la leche derramada ( proverbio árabe)
En ningún otro país del mundo pasaría lo ocurrido en Venezuela, que con la acción de sus propios gobiernos en el siglo XXI, convirtieron en despojos industriales las dos refinerías de conversión profunda de Paraguaná.