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Relatos (52): vida binacional.

  • Writer: Sr Jimenez
    Sr Jimenez
  • May 4
  • 3 min read

El señor Juan trabajó por años en el Congreso de Venezuela hasta llegar a ser jubilado a mediados de los años setenta. El señor Juan y su esposa, de nombre Esperanza, vivían en un apartamento en la planta baja de un edificio en una zona residencial ubicada en la parroquia Caricuao, al suroeste de la ciudad de Caracas. Esa urbanización fue bautizada como Ruiz Pineda, en honor al político de 36 años de edad asesinado en la clandestinidad durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

El señor Juan, ya jubilado, decidió irse a vivir en Ureña, una población del estado Táchira en Venezuela ubicada a 855 kilómetros desde Caracas, en la propia línea de frontera con Colombia y justamente al lado de la ciudad de Cúcuta, la capital del departamento de Norte de Santander en Colombia. A la señora Esperanza se le hizo difícil adaptarse a la vida en Ureña por un clima caluroso, muy húmedo, y eso se convirtió en la principal traba del señor Juan para cumplir con su proyecto de vida en el tramo final, y terminaron regresando en pocos años a su apartamento en Caricuao.


Ese proyecto de vida del señor Juan se simplificaba en el escenario que le resultaba con la mejor relación de gastos versus beneficios. Él consideró que Ureña tenía una ubicación estratégica insuperable para su provecho personal, disponiendo de las ventajas de su país Venezuela: sin conflictos armados internos, con una economía en crecimiento por el auge del petróleo, con la industria recién nacionalizada, con una infraestructura de servicios públicos eficientes y con una moneda fuerte frente al dólar. Y allí mismo, al cruzar la esquina, se encontraba Cúcuta en un país vecino con una política de fronteras abiertas que le permitía la adquisición de abundantes alimentos, medicamentos y otros bienes de consumo a menores precios que en Venezuela.

Al señor Juan y a su esposa, viviendo en Ureña, los visitaban continuamente allegados y familiares pernoctando algunos días en su casa, desde donde salían a Colombia para actividades de turismo y de compras. Entre esos familiares estuvo una sobrina quien, con un embarazo adelantado, lo acompañó por unos días de febrero del año 1978 conjuntamente con su esposo, quienes se dedicarían a unas compras para un ajuar del bebé que esperaban como el primogénito para el mes de mayo.


Dado que en esos años no se podía detectar previamente el sexo del bebé, toda la familia apoyó la intuición materna de que sería una niña, dada la forma de la barriga, los cambios fisionómicos del rostro, los antojos y los cambios de humor. En la realidad se acertó con la niña, y sería como con un juego de azar, considerando que la intuición no era un método infalible.


El ajuar adquirido para la bebé, en su gran mayoría, fue del color rosado para las prendas de vestir y para dormir, y en los accesorios como bodys, mantas y toallas. Esa compra resultó a mejor precio que en cualquier ciudad de Venezuela, pero asumiendo que no habría cambios de la mercancía, que, comprada mayoritariamente en una de las tiendas de la cadena de Almacenes Ley, satisfizo por la calidad de los textiles y por la belleza de los modelos.


Luego de haber efectuado las compras se dispuso de un día para visitar la población de Pamplona, que, ubicada a casi 75 km de Cúcuta, hacía uso de una buena carretera, pero con abundantes curvas, puentes y túneles. En ese trayecto se observó la presencia de efectivos armados del Ejército de Colombia en labores de patrullaje y también el señor Juan sospechó de un retén de guerrilleros, y eso hizo desagradable el recorrido por la percepción de algún peligro inminente. En Pamplona fue notoria una niñez necesitada, con la presencia de grupos de decenas de niños manifestando tener hambre y solicitando ayuda.

Ese año 1978 fue electoral y democráticamente se dio el cambio de la presidencia de López Michelsen a Turbay Ayala, siendo ambos periodos de intensa confrontación con la guerrilla y con los carteles de la droga.


Antonio Jimenez.

3 Comments


ritarobaina
ritarobaina
May 05

Este relato me produce nostalgia, sobre todo al pensar en cómo un país como Venezuela pudo venirse abajo de forma tan rápida. Recuerdo bien esa época y un viaje de mi infancia, cuando nos alojamos en el hotel El Tamá, que formaba parte de la red CONAHOTU. En ese viaje visitamos Ureña , de ahí la conexión.


CONAHOTU tenía como objetivo desarrollar hoteles de alto nivel en distintas regiones del país —como el Humboldt, el Cumanagoto o el Guaicamacuto—, y El Tamá fue concebido como el gran referente del occidente, en San Cristóbal.


También destaca el tema del desarraigo: no es solo algo que afecta a los mayores. Adaptarse a vivir lejos del lugar de origen resulta difícil a cualquier…

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Sr Jimenez
Sr Jimenez
May 05
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Gracias Rita por tan excelente referencia de la época y del sentir de los protagonistas del post

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Sr Jimenez
Sr Jimenez
May 04

La vida binacional se refiere a la experiencia de individuos con lazos entre dos países distintos, concentrado en zonas fronterizas. La gente regularmente se aprovecha de las mejores oportunidades de ambos países.

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